Residencia de Estudiantes, una vanguardista experiencia innovadora

Pabellon 'El Transatlántico' de la Residencia de Estudiantes de Madrid

Fundada como centro educativo en 1910, bajo el patrocinio de la Junta de Ampliación de Estudios y dependiente de la Institución Libre de Enseñanza, que creara Francisco Giner de los Ríos en 1876, nació como un complemento educativo de vanguardia para la formación universitaria de las élites liberales de la época ante las deficientes condiciones en que se desarrollaba la enseñanza universitaria en España.

Situada en los altos del antiguo Hipódromo madrileño, en la llamada "Colina de los Chopos", según la denominación que le dio el poeta nobelado Juan Ramón Jiménez y detrás del edificio del Museo de Ciencias Naturales, en concreto en la calle del Pinar, 23, sus edificios de estilo neomudéjar, dotados de los más modernos adelantos de la época, fueron proyectados por los arquitectos Antonio Flórez (1913-1915) y F. Javier de Luque (1915-1923).

El resultado de los tres primeros pabellones, que se inauguran en 1915 y son obra de Flórez, es de una gran armonía. El pabellón de los laboratorios con amplias vistas a Poniente y conocido por los residentes como 'El Trasatlántico', por su largo balcón y porque en la tendida recta de su azotea "flotan al viento nuestras ropas como equipos de tripulación en cordaje naviero", como lo definiría líricamente el poeta y pintor malagueño José Moreno Villa, que fue huésped de la Residencia de Estudiantes.

Fue director de la Residencia de Estudiantes, hasta 1936, el malagueño Alberto Jiménez Fraud, quien hizo de ella un centro abierto a la creación al dialogo y al estudio, entorno al cual se fue creando un numeroso núcleo cultural y científico de personalidades, que respondía a las exigencias vanguardistas de la institución que lo creo, que sin duda formaron el proyecto pedagógico mas atractivo de la España contemporánea.

En pocos años la Residencia de Estudiantes se convirtió en foco de la modernidad en España y sus salas y habitaciones fueron ocupadas por lo más granado de las personalidades de la cultura española del siglo veinte.

Cuatro jóvenes residentes convivieron y se hicieron grandes amigos en la Residencia de Estudiantes: el poeta y dramaturgo granadino Federico García Lorca (el poeta de mayor influencia y popularidad de la literatura española del siglo XX); el cineasta turolense Luis Buñuel Portolés (Oscar a la mejor película extranjera en 1971 por 'El discreto encanto de la burguesía'); el pintor gerundense Salvador Dalí i Domènech (Medalla de Oro de la Generalidad de Cataluña en 1981); y el científico asturiano Severo Ochoa de Albornoz (Premio Nobel de Medicina en 1959).

A la Residencia de Estudiantes también acudieron con asiduidad, y residieron algunas temporadas a su paso por Madrid , Miguel de Unamuno, Manuel de Falla, Blas Cabrera y Felipe, José Ortega y Gasset y Rafael Alberti, entre otros muchos que con su presencia y su participación en los actos allí organizados dieron brillo y fama a la Residencia de Estudiantes, haciendo de ella uno de la focos europeos mas innovadores del pensamiento del periodo de entre guerras.

No debemos olvidar que entre los visitantes extranjeros que estuvieron en la Residencia de Estudiantes se encuentran Albert Einstein, Paul Valéry, Marie Curie, John Maynard Keynes, Henri Bergson, Le Corbusier (Charles Édouard Jeanneret-Gris), entre otros destacadísimos pensadores y científicos del momento.

Los intentos de Alberto Jiménez Fraud , de hacer de la Residencia de Estudiantes un lugar donde se formaría la minoría rectora que transformase el país, tropezaron no sólo con los impedimentos puestos por los enemigos directos de tan innovador ensayo pedagógico, sino también por la incompetencia de los mediocres y timoratos liberales españoles, que en el mejor de los casos permitieron su existencia, pero no fueron capaces de apoyar directamente al proyecto, haciendo de esta manera que experiencias como la de la Residencia de Estudiantes no pasasen de "pequeños grupos selectos que llevan una existencia marginal", como lo definió Ortega en los años veinte.

La realidad de España hacía del todo imposible la transformación educativa de la vida universitaria, sólo imaginable desde capas burguesas cultas y sensibles, pero muy minoritarias en una España todavía dominada por el peso de lo rural, asilvestrada y poco amante del refinamiento cultural, convencida que todo lo importado era pecado.

La República no pudo, en el breve tiempo de su existencia, sino comenzar la transformación de la enseñanza desde sus primeros niveles, tarea no pequeña y a la que dedico esfuerzos y recursos hasta entonces desconocidos. Y, a pesar de esas prioridades, no podemos olvidar los inicios en Madrid de la nueva Ciudad Universitaria ni el impulso que por ella realizo la República.

La crispación de los ánimos políticos del país no vaticinaban nada bueno, la Residencia de Estudiantes dado la escasez de sus recursos , logro, con el gran trabajo de su director, hacer de ella una estancia donde los estudiantes tuvieran a la vez una educación alternativa y complementaria a la siempre deficiente enseñanza impartida por nuestra Universidad. Ese fue su gran éxito, y el germen de su muerte.

El estallido de la Guerra Civil, o mejor el levantamiento militar contra la República, no pudo ser peor para la Residencia de Estudiantes que se puso bajo la protección de la bandera inglesa, dada la presencia de varios residentes entre los alumnos de los cursos de extranjeros que eran súbditos británicos, y paso las primeras semanas ante la indiferencia de la ira proletaria, preocupada por enemigos más serios e importantes que los habitantes de la Residencia de Estudiantes.

No cabía mas opción personal para los protagonistas y creadores de la Residencia de Estudiantes que el exilio exterior para la mayoría de ellos, definitivo en la mayoría de los casos o el exilio interior en una u otra de las zonas en guerra, si era tolerada su presencia.

Finalizaba de este dramático modo una de las experiencias pedagógicas mas importantes del país. Un intento por dotar a la sociedad española de unas herramientas innovadoras, para la mejor formación de su juventud universitaria, que las contradicciones y las limitaciones culturales de una época impidieron llevar a cabo con todo el éxito que sus creadores merecieron.

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