RAMÓN Gómez de la Serna: un madrileño impulsor de la vanguardia literaria

Retrato de Ramón Gómez de la Serna

Ramón Gómez de la Serna nació el 3 de julio de 1888 en la capital del reino, en concreto en la calle de las Rejas. Inició los estudios de Derecho en la Facultad de la Universidad Central de Madrid, en el viejo edificio de la calle de San Bernardo, pero los finalizaría en la Universidad de Oviedo a la edad de 17 años.

Nunca ejercerá la profesión a pesar de los intentos de su padre por buscarle un trabajo "serio" y seguro. Muy pronto, sólo la dedicación a la literatura llenará su tiempo y su actividad intelectual.

Su padre decide crear una revista literaria de contenido social y poner al frente a su hijo. La revista 'Prometeo' ve la luz en 1908 y llego a publicar treinta y ocho números a lo largo de sus cuatro años de existencia. Ramón se permite escribir todo lo que se le ocurre y le interesa. Dirigida por él oficialmente desde el número once, la revista ofrece en sus páginas colaboraciones de amigos y conocidos de Ramón, entre los que se encontraban Silverio Lanza, Cansinos Assens, Colombine, Eugenio Noel, Marinetti o Juan Ramón Jiménez.

Las paginas de 'Prometeo' permiten a Ramón experimentar sobre su concepción de la literatura sin ninguna cortapisa. En estos años conoce a Carmen de Burgos (Colombine) con quien mantendrá una larga y fructífera relación amorosa y profesional, a pesar de la diferencia de edad entre ambos. Relación que se rompe cuando Ramón se casa con Luisita Sofovich a la vuelta de un viaje a Buenos Aires.

En la segunda decada del siglo, más concretamente en el año 1914, irrumpen en su vida las tertulias de los sábados del Café Pombo y por ende la vida literaria de Madrid, que es tanto como decir la literatura castellana o mejor universal. El Café Pombo se erige como templo de la creación literaria e intelectual, donde Ramón ejerce de Sumo Sacerdote oficiando todo los sábados por la noche su credo literario y artistico, sin interferencias ajenas no deseadas.

En 1922 y después de la muerte de su padre, alquila su famoso torreón en el número cuatro de la calle Velázquez, frente al parque del Retiro. En su nuevo hogar reproducirá su mundo personal, entre onírico y fantasmagórico, donde sus cachibaches, sus objetos encontrados en el Rastro madrileño o comprados a cualquier trapero de la última ciudad visitada, configuran ese universo interior donde se refugiaba para escribir su obra. Alejado de la vida cotidiana, la llegada de la República no afectaria a su obra.

Marginado voluntario de la vida política y sin ningún interés por ella, intuye que la Guerra Civil se avecina y escapa del país esperando que pronto finalice el conflicto. Viaja a Argentina, donde se refugia de nuevo en su mundo, regresando a Madrid años después. Pero nada volvería a ser igual. Ramón era una momia viviente que recorría las calles de un Madrid ya desaparecido sin que casi nadie se acordase de él, el gran Ramón.

Moriría en Buenos Aires en 1963, después de pasar sus últimos años, postrado en una cama de un hospital bonaerense, aquejado de una grave enfermedad.

Los intentos de renovación del panorama literario español iniciados por Ramón, se basaban en las últimas creaciones de las vanguardias literarias y artísticas que surgian en Europa, tan queridas y buscadas por él. Esas vanguardias formarían parte de sus creaciones literarias, como las geniales 'Greguerías', que frente al trascendentalismo de la "máxima" ponen ese toque de humor metafórico, tan propio del genial Ramón.

Autor de más de cien libros, donde destacan las biografías en las que elabora peculiares reseñas de personajes singulares y donde se mezclan anécdotas verdaderas con otras inventadas. Preocupado por transformar el madrileñismo mas casticista, escribió su famoso libro 'El Rastro', donde los objetos olvidados y abandonados son salvados por la voluntad de evocacion lirica del autor.

Su carácter crítico se refleja en sus novelas singulares entre las que destacan 'El chalet de las rosas', 'El torero Caracho' o 'El caballero del hongo gris'. Sin olvidar las de tono erótico como 'La mujer de ambar', 'La nardo' o 'Senos'. Escribió sus memorias, en dos libros únicos como su autor: 'Automoribundia' y 'Nostalgias de Madrid'.

Madrid, cómo no, siempre presente en su obra. Amó tanto a la ciudad que cuando él murió, algo de Madrid también murió, murió el 'Madrid de Ramón'.

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