Desde la finalización de sus obras, y para dar mayor vistosidad al Palacio, se pensaron - según diferentes arquitectos - varios proyectos que realzasen su deseada majestuosidad. Pero sería José Bonaparte, en su corto reinado, quien tuvo la idea de unir mediante una gran avenida el Palacio con la Puerta del Sol. Permitiendo así el que la construcción se viera desde una gran distancia.
Sin duda, la demolición del viejo caserío y las callejuelas de origen medieval existentes en los alrededores de Palacio, facilitó las tareas de mejora del trazado urbano de ese Madrid que estaba emergiendo en sus estribaciones.
Sería Fernando VII, en 1818, quien procedería a hacer el desmonte de los terrenos e iniciar las obras de construcción del Teatro Real, que según el primer proyecto se uniría al Palacio a través de una galería circular. Pronto se abandonaría esta idea, y sería la desidia quien en unos pocos años se encargara de derrumbar la mencionada galería.
Muchas décadas más tarde, hacia 1881, se inició el ajardinamiento de la zona. Reservándose el centro de la plaza para la figura ecuestre de Felipe IV, y colocando en sus inmediaciones las estatuas de piedra que se esculpieron inicialmente para la balaustrada superior del Palacio (y que fue imposible colocar allí por razones técnicas relacionadas con el descomunal peso de las esculturas).


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