Se llama así porque en ella se subastaba la paja que se otorgaba a los canónigos de la vecina capilla del Obispo Don Gutierre de Carvajal y Vargas para el mantenimiento de las mulas que poseían. Por su espaciosidad y por el conjunto de edificios religiosos que le sirven de fondo - la entrada a la capilla del Obispo y la Parroquia de San Andrés con su capilla de San Isidro,- era el centro de la vida del barrio.
Hoy día, La Plaza de la Paja es uno de los lugares más apacibles de Madrid. Su amplitud y su ambiente sosegado incitan a la lectura o a la conversación.
El antiguo e ilustre Colegio de San Ildefonso, cuyos niños cantan todos los años los premios de la popular Lotería de Navidad, confluye con La Plaza de la Paja a través de su esquina con la calle Redondilla. Las instalaciones de este ilustre colegio han sido trasladadas recientemente por necesidades pedagógicas.
De los antiguos palacios que poblaban la plaza solo queda el recuerdo del palacio de los Vargas, del cual se conserva solamente una fachada pretendidamente renacentista de, fruto de las construcciones posteriores.
El caserío de la plaza lo forman hoy buenas casas de seis pisos con característicos balconajes y establecimientos comerciales en sus plantas bajas, casi todas ellas del primer cuarto del siglo XX.






