La Catedral de Nuestra Señora de la Almudena de Madrid

Catedral de Nuestra Señora de la Almudena de Madrid

El proyecto de la actual catedral de Madrid, la Catedral de Nuestra Señora de la Almudena, conocida popularmente como 'la Almudena', comenzó a fraguarse a finales de 1868, tras el derribo de la iglesia más antigua de Madrid, la parroquia de Santa María de la Almudena

También influyo el deseo de la Familia Real de erigir en este templo un enterramiento digno y próximo al Palacio de Oriente de la reina María de las Mercedes de Orleans y Borbón, inmortalizada en las canciones populares, fallecida a los pocos meses de su matrimonio con el rey Alfonso XII y que no podía ser enterrada en el Panteón Real del Monasterio de San Lorenzo de El Escorial, por haber fallecido sin dejar descendencia.

El proyecto definitivo fue sancionado por una Real Orden en 1880 y el propio rey puso la primera piedra el 4 de abril de 1883. Se encargaba de la dirección de los trabajos el arquitecto y político Francisco de Cubas y Erice, que en 1870 ingresó en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. Senador por Ávila, recibió los títulos de Marqués de Cubas en 1886 y de Marqués de Fontalba en 1893. También fue alcalde de Madrid durante un mes, entre noviembre y diciembre de 1892. Su idea era concebir un gran templo neogótico sobre una cripta románica.

Cuando el Papa León XIII, el 7 de marzo de 1885, decretó la creación de la Diócesis de Madrid-Alcalá -hasta entonces la capital de España pertenecía eclesiásticamente a la Diócesis de Toledo- la nueva iglesia en construcción pasó a ser la anhelada Catedral de Madrid, pero mientras se acababa, el nuevo obispado decretó que la Colegiata de San Isidro se convirtiera en catedral provisional. Y lo fue durante más de 100 años.

A la muerte del Marqués de Cubas, otros arquitectos se encargaron de la obra como Juan Moya, Miguel de Olavarria y Enrique Repullés y Vargas. Pero el proyecto inicial se descartó por la imposibilidad de llevarlo a cabo, debido entre otras cosas a la falta de medios económicos para su ejecución. Sólo se mantuvo la cripta románica que quedó acabada en 1911.

Después de la Guerra Civil, en 1944, el director general de Bellas Artes, Juan de Contreras y López de Ayala, Marqués de Lozoya, convoca un concurso para la reanudación de las obras de la catedral madrileña. Los ganadores, Fernando Chueca Goitia y Carlos Sidro, retoman la construcción en 1950, con una nueva visión que oculta la estructura neogótica primitiva con unas fachadas neoclásicas que armonizan con el cercano Palacio Real.

Nuevamente, en 1969 volvieron a aparecer problemas económicos que paralizaron las obras hasta 1984, año en que se volvió a retomar, esta vez si, de manera definitiva, por impulso del Cardenal Ángel Suquía, el apoyo del alcalde de Madrid, Enrique Tierno Galván y la colaboración del primer presidente de la Comunidad de Madrid, Joaquín Leguina Herrán, y del Gobierno de Felipe González Márquez.

La práctica totalidad de los obras, a falta de los elementos decorativos, de la Catedral de Nuestra Señora de la Almudena finalizaron el 4 de noviembre de 1992 y la catedral madrileña fue consagrada por el Papa Juan Pablo II el 15 de junio de 1993, siendo la primera vez que un Sumo Pontífice consagra una catedral fuera de Roma.

La institución financiera Ibercaja colaboró en la realización de los elementos decorativos de la fachada principal, la que mira al Palacio de Oriente. Efectivamente, coronan esta fachada, flanqueando una imagen de la Virgen de la Almudena, cuatro estatuas de San Isidro, Santa María de la Cabeza, Santa Teresa de Jesús y San Fernando, realizadas en piedra de Colmenar blanca por el escultor pacense Ramón Chaparro y colocadas ya en 2001, esto es en el siglo XXI.

La cúpula de la Catedral de la Almudena cuenta a su vez con doce estatuas, obra del escultor Luis Sanguino, que representan a los doce apóstoles: San Felipe, San Bartolomé, San Mateo, San Simón, San Judas Celotes, Santiago Alfeo, San Matías , San Bernabé, San Pedro, Santiago, San Juan y San Andrés.

El 28 de abril de 2004, el Cardenal Arzobispo de Madrid, monseñor Rouco Varela, bendijo las pinturas y vidrieras que decoran el ábside de la Catedral. El conjunto lo forman siete murales neobizantinos realizados por Kiko Argüello, que componen una corona mistérica, y ocho vidrieras realizadas con cristal soplado en la Isla de Murano (Venecia). Los murales representan los grandes misterios de la fe (de izquierda a derecha): Bautismo, Transfiguración, Crucifixión, Pantocrátor, Resurrección, Ascensión al Cielo y la venida del Espíritu Santo en Pentecostés. En el centro de la composición, presidiendo toda la catedral, la imagen de Jesús Pantocrátor, en su Segunda Venida, cuando vendrá a juzgar a los vivos y a los muertos. En el libro abierto que sostiene el Pantocrátor, situado en el centro del ábside de la catedral, está escrito: “Amad a vuestros enemigos. ¡Vengo pronto!”. Ibercaja también colaboró economicamente en la realización de estas vidireras.

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