Cuentan los más viejos de la villa y corte que hacia principios del siglo XIX existía una botillería en la calle de la Bola, esquina con la de las Rejas. Era un pequeño local frecuentado por obreros y empleados. En 1870 se trasformó en restaurante siguiendo la moda de la época, con el nombre de La Raya en honor a su propietaria, una asturiana de pro y pionera de la saga familiar de Los Velasco, quienes hoy siguen regentando el Restaurante Taberna La Bola.
Según los periodicos de comienzos del siglo XX, se servían tres cocidos: el de las doce del mediodía, cuyo coste era de una peseta con quince céntimos y cuyos comensales eran obreros y modestos empleados. El de la una de la tarde, preferido por los estudiantes y con un coste de una peseta con veinticinco céntimos y que llevaba gallina. Por último, a partir de las dos, se servía el completo con carne y tocino, elegido por periodistas y por los senadores, vecinos del cercano Palacio del Senado.
Por todos era conocida la afición a la buena cocina de la familia Real y en concreto la predilección de la Infanta Isabel, la llamada La Chata por el pueblo de Madrid y en concreto, por el cocido de la Bola. Para los transeúntes de la época era frecuente ver un elegante carruaje de Palacio esperando a su puerta para recoger los pucheros para la Infanta y su hermano Alfonso XII.
Mucho ha llovido desde esos años, pero la fama y la calidad de su cocido se mantiene igual que antaño. Hoy son cientos los comensales que a diario dirigen sus pasos hacia La Bola para degustar el cocido de puchero individual, preparado al fuego lento del carbón de encina.de sus fogones, gracias a los cuales hoy Madrid sigue manteniendo una de las mejores y tradicionales cocinas del mundo.





