(París, 1822-1861). Escritor francés. Llevó en su juventud una vida miserable y bohemia, que reflejó en su más destacada y famosa, Escenas de la vida bohemia (1847-1849). En vista del éxito alcanzado, realizó una versión teatral, La vida bohemia, en 1849, que sirvió de base a las óperas de Puccini y de Leoncavallo, tituladas ambas La bohéme.
Considerado como el maestro e iniciador de la literatura bohemia, fue admirado, citado y copiado por los bohemios españoles. Obra de limitado valor artístico, Escenas de la vida bohemia, tuvo desde su publicación, entre los jóvenes artistas, una enorme influencia.
La bohemia es para Murger una etapa en la vida artística que suele corresponder a la juventud ilusionada, llena de esperanzas e ilusiones. Sin embargo no hay que olvidar que no sólo en el prólogo, sino en el último capítulo del libro (XXIII) las palabras finales del pintor Marcelo pueden y deben entenderse como un repudio de la vida bohemia. Es posible que el autor, quisiera corregir la impresión de que de la bohemia como una vida totalmente alegre y sin problemas. Para él, la bohemia es un prefacio para la gloria o para la muerte y clasifica a los bohemios en varias categorías: los desconocidos, los aficionados y los profesionales auténticos, y sólo en París, según Murger, puede existir la bohemia artística.
Hay qué decir que la misma palabra bohemia, tiene su origen moderno en el libro de Murger, en el sentido de del repudio absoluto a lo convencional y, sobre todo, a lo burgués. Y por ello, el sello del bohemio de raza es el culto por el arte y el ideal. Y su grito: ¡Abajo el filisteo y el burgués! A Enrique Pérez Escrich, el autor de El frac azul, se le llamó “el Murger español”. “Vanidad de vanidades, como dijo Salomón; -repuso Floro; -vas hecho un príncipe y te quejas…¡Ah! Malditos sean los falsos bohemios que hablan con entusiasmo de las excentricidades de Henry Murger (1), y se asustan viéndose una manchas en la pechera de la camisa”. (1). Este escritor francés es conocido en París por el rey de los bohemios)”. (El frac azul, 231)
Pepe Esteban






