Emilio Carrere Moreno, nació en Madrid el 18 de diciembre de 1881, hijo de Eloísa Carrere Moreno, madre soltera y de Senén Canido Pardo, joven abogado pontevedrés y prometedor político, que por miedo al descrédito que podía significar un hijo en su carrera, no reconocería su paternidad.
El fallecimiento de su madre al mes de su nacimiento, le obligó a criarse con su abuela materna Manuela Moreno. Lo que le acarrearía una infancia escasa de recursos económicos, puesto que la pensión de su abuela no daba para muchos lujos y las ayudas del padre, que nunca se casó, eran claramente insuficientes.
La enfermedad de la abuela, obliga a Emilio a entrar a trabajar en el Tribunal de Cuentas, que en esa época presidía su padre. A partir de ese momento las relaciones entre padre e hijo mejorarán sustancialmente.
También por ese entonces, Emilio Carrere comienza a publicar sus versos en los semanarios 'La Avispa' y 'La Chispa'. Su poesía es muy musical, y siempre dentro de los moldes modernistas y con un cierto aire decadente. Pretendió ante todo poetizar la vida bohemia y los entornos madrileños de los barrios bajos de la capital, que tan bien conocía por haberse criado en ellos.
De su fecunda y variada obra poética podemos destacar 'El caballero de la muerte' (1909), 'Del amor, del dolor y del misterio' (1915), 'Dietario sentimental' (1916), 'Los ojos de los fantasmas' (1920), 'Nocturnos de otoño' (1920), 'La canción de la calle y otros poemas' (1931).
Frecuenta todos los cafés de Madrid, desde 'El Levante' hasta el más perdido y lejano de La Puerta del Sol. Amigo del periodista Luis Bello, su amistad le abre las puertas para publicar en toda la prensa del momento. Comienza así una relación con la prensa que duraría hasta su muerte y que le obligaría en muchos momentos de su vida a tener varias columnas, algunas diarias en diferentes periódicos de la Villa y Corte.
Gran contertulio, amante de la amistad, amigo de sus amigos hasta lo indecible, todo el mundo le quiere y presume de conocerle, cuando no de su amistad. Se hace acompañar en las largas noches madrileñas por lo más granado de la bohemia, como son personajes del talante del poeta modernista Pedro Barrantes; o por el ex-seminarista, pintor y poeta Pedro Luis de Galvez; o por el poeta maldito Alejandro Sawa, alter ego de Max Estrella en 'Luces de Bohemia' de Valle-Inclán; o por el simpático escritor madrileño Ciro Bayo, tenido por médico.
Aficionado también durante un tiempo a la Teosofía, hace amistad con Mario Roso de Luna, y asiste a las sesiones espiritistas del músico Ricardo Corral, pero pronto otras preocupaciones llenan su escaso tiempo de ocio.
Su fama le hace estar presente en todas los aventuras editoriales que se emprenden en Madrid, así colabora asiduamente en 'El Cuento Semanal', del escritor y editor Eduardo Zamacois; o en 'La Novela Corta' de José de Urquia; o en el proyecto, que rápidamente tomaría cuerpo real, 'La Novela de Hoy', de Artemio Precioso. En todas ellas dejaría publicadas un sin número de novelas, interesantes algunas, menos las otras, pero todas teniendo como protagonista a ese Madrid popular y barriobajero tan querido por Carrere.
La vida bohemia, repleta de más gastos que ingresos, le obliga a dedicarse al Teatro y realiza varias letras de zarzuelas, que le dan algún dinero extra. Sin embargo, la muerte de su padre y la herencia que le deja le permitirá mejorar sustancialmente su situación económica, puesto que comprará un magnifico piso en Rosales y un no menos magnífico automóvil, que serán la envidia de algunos de los que hasta entonces figuraban en su nómina de amigos.
Sus nuevas amistades, de carácter claramente antirrepublicanas le hacen ir adquiriendo una ideología marcadamente de derechas y muy conservadora. Ideología que se manifestará hasta su muerte, acaecida en Madrid el 30 de abril de 1947. En este aspecto, se cuenta que durante la Guerra Civil -que pasó en el Madrid sitiado por los franquistas- salvó la vida haciéndose pasar por loco, escondido en un hospital, ante el temor de sufrir las iras de parte del pueblo, tan cantado por él en sus obras, y que no le perdonaba su radical deriva ideológica.
Sus novelas tienen como protagonistas a los personajes de la noche madrileña, a los asiduos de los bajos fondos de la gran ciudad, a las mujeres de vida alegre y disoluta, a los golfos más ruines y canallas. De entre éstas destacan: 'La cofradía de la pirueta' (1912); 'La tristeza del burdel' (1913); 'Las sirenas de la lujuria' (1923); o la que es sin duda la más famosa: 'La torre de los siete jorobados' (1924), llevada al cine en 1944 por Edgar Neville, que pertenece claramente a lo que se denominó posteriormente 'genero policiaco' y que por aquellas fechas empezaba a publicarse y a darse a conocer en nuestro país.
Famosísimo mientras vivió, su muerte, le convirtió en un 'maldito', en un olvidado, del que todo el mundo habla y nadie lee. Mala suerte para quien fue capaz de crear el más fantasmagórico Madrid o las páginas más bellas de esa ciudad decadente y costumbrista, poblada por esos peculiares personajes de los barrios bajos, o por los más soñadores de la bohemia madrileña, tan queridos por ese Don Emilio, como era conocido por el pueblo de Madrid que tanto le admiraba.


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