Barrio madrileño aledaño al Palacio de Oriente, y cuyas calles mantienen el encanto de otras épocas, se caracterizan por guardar el sabor de aquel Madrid situado a medio camino entre lo monumental y familiar que la modernidad ha respetado.
En el Barrio de Palacio, las viejas piedras de sus palacios han contemplado el devenir y el palpitar de la vida de cuantos por sus aceras transitaron y en sus casas moraron. Sus calles y plazas han sido testigos y protagonistas de la historia: en ellas se han vivido algunos de los momentos más importantes de nuestro pasado colectivo.
Por el barrio palpita el espíritu romántico de Larra, vecino suicida por un amor no correspondido, el de los hermanos Machado, asiduos del Café El Español - en la calle Carlos III -, o el del inmortal Valle Inclán, tan dado a declamar poemas - tanto suyos como de otros - en la Plaza de Oriente. Cómo no imaginar el transitar juvenil de un casi adolescente Baroja al dirigirse - desde su casa en la calle de la Independencia - al no lejano Instituto San Isidro, al poco de llegar a Madrid.
O en un tiempo mucho más cercano a nuestros días, quién no recuerda haber visto, en sus calles y en las largas noches de la no lejana transición política - y después de las habituales y largas cenas en casa de algún buen amigo - , la figura alta de ese tan peculiar cronista de su Madrid que fue Paco Umbral (cómo no, abrazado a alguna jovencita extranjera tan izquierdista como amiga de la minifalda). Sin duda estamos en uno de los barrios más hermosos de la ciudad, donde se confunde el pasado y el presente en un evocador Madrid que ofrece lo mejor de su ocio y cultura en los múltiples locales que salpican sus calles.

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